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27 de julio de 2014

Labios encantadores

Fueron, desde el inicio, los que me deslumbraron. Esos labios, recuerdo cuando los vi pronunciar cada palabra de tal manera que encajaban perfectamente, no sólo en la coherencia de la oración, claro, sino en la profundidad de las mismas.  Eran un viaje, guiados por tan funcional parte del cuerpo, perfectamente ubicados. Allí, donde las palabras salían, tajantes, claras, abrumadoras pero siempre precisas. Incluso cuando me besaste sentí que no era un beso, sino un intensa charla silenciosa entre dos seres. Me estabas hablando, sin emitir sonido alguno. Jamás había visto a una persona hacer eso. Tal vez lo imaginaba, tal vez eran simples delirios míos, pero allá estaban cuando te observaba, y eran el centro de la atención. Buscaba siempre en vos tus consejos, porque en ellos se encontraban ubicados tan maravillosamente las palabras exactas, aquellas que no sé cómo, me atravesaban. Tu poder no estaba en tu fuerza, sino en tu cabeza; estaba en tu talento para lograr sacudirme con solo abrir la boca. Ni siquiera necesitabas gritarme. Sabías cuando incluso el silencio era más abrumador que una respuesta. Era, indudablemente, ese talento tuyo que me volvía loco.

Tu voz poseía una personalidad extraordinaria. Cuando cantabas, tu potencial se multiplicaba. Si con hablar me atravesabas, al cantar directamente me derrumbabas, y de placer. Me pregunté de repente la procedencia de la palabra "encantar". Lo primero que se me viene a la cabeza es que hace referencia a algo sobrenatural, o que fue afectado por algún tipo de "magia". Así me sentía yo: cuando me cantabas, me encantabas. Era esa perfecta combinación, entre el silencio y el sonido, que lograban sacarme una sonrisa incluso cuando mis labios no querían dibujarla. Pero los tuyos me contagiaban. 

Aquella magia tan cautivadora era, sin embargo, peligrosamente adictiva. Debí haberlo visto, debí haberlo sabido. Pero no, estaba perdido allí viéndote pronunciar cada sílaba. Fue difícil entender lo egoísta que fui al ver que te quería sólo para mi. Sentía, en cierta manera, que lo merecía por ser capaz de verte, y admirarte. Estaba literalmente encantado, como en el juego de niños, sin poder moverme. Por eso era tan peligroso, por eso era tan necesario que se acabara. En los cuentos de hadas dicen que un beso puede romper un hechizo, sin embargo acá fue el que lo provocó. ¿Funcionaría al revés esta vez?

Bueno, digamos que si, cuando vi tus labios encantando a otra persona, la magia desapareció. En ese preciso momento en que tus labios apoyaron los de tu amante y los vi, escuché un estruendo infernal. Aún hoy, años después, sigo preguntándome si lo que escuché era el encanto rompiéndose, o si era mi corazón cayendo a pedazos.

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