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29 de junio de 2014

Frágil

Creí poder mantener los sentimientos a raya, y, sin embargo, surgieron vertiginosamente para dejar en evidencia mis carencias, aquellas que me vuelven no débil, sino frágil. Porque soy fuerte, imperturbable y firme, hasta que encuentro enfrente mi reflejo y debo, inevitablemente, verme. No es que me duela verlo, sino es que me duele que me cueste tanto lograrlo. De mi complejidad interior a veces simplemente quisiera escapar. Sin embargo, gracias a ella es que soy todo aquello que soy. Intento en vano, ahogar aquellas angustias con un vaso de alcohol que me quema por dentro, casi tanto como las ganas de decir lo que siento. Estoy en llamas cuando no me lo espero. Pareciera que intentara apagar ese fuego con las lágrimas que resbalan por mi mejilla, lágrimas llenas de dudas que intentan escapar. Lágrimas que dejan en evidencia que estoy a punto de caer, y romperme. Lágrimas que son el resultado de una guerra interna, de una dualidad entre la esencia y la herencia.

Sin embargo hasta el último instante, sigo intentando brillar. Como una copa de cristal, con su belleza y firmeza, que con un simple golpe se rompe en mil pedazos. Mi transparencia deja expuesto mi interior, y a veces eso me lastima. Mentir no está en mi naturaleza, y eso me impide incluso mentirme a mi. No puedo ocultar aquello que, inevitablemente, se ve. La sinceridad se vuelve un arma de doble filo que me permite tener la seguridad de que digo la verdad, pero también me hace hablar de más. Sin embargo lo intento y no me quedo inmóvil en una repisa viendo mi vida pasar. A pesar de mis momentos de fragilidad, mis convicciones me mantienen firme. Entonces debo avanzar, como sea, como pueda, pero avanzar. Sin importar los riesgos, tan solo avanzando lograré crecer y entender que aunque mil veces me rompa, otras mil me arreglaré.