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31 de diciembre de 2013

Mi 2013, un año de realidades

Llega un momento en la vida de toda persona en la que se pierde la inocencia. Si agarro mi balance del año pasado no llega a ser ni un tercio de lo que aprendí éste. De eso se trató un poco mi 2013, un año en el que transité un duelo. Un duelo en el que dejé atrás parte de mi. Un duelo en el cual la realidad superó todo lo pensado. Fue dura, fría, y necesaria.

Sin saber a qué me enfrentaba, arranqué el año desorientado, exhausto. Intenté darme cierta libertad para soñar, aunque solo fuera en palabras. Sentía que perdía espontaneidad. No era yo. Me vi maravillado por las palabras del gran Charles Chaplin, que sin embargo no me ayudaron a escapar de mi laberinto. Seguía encerrado en brisas otoñales que me llenaban de dudas. Hasta que entendí que para ser libre, tendría que dejar ser libre a alguien más, incluso cuando el amor me lo dificultaba. De a poco entendí que soy humano, que cometo errores, y que los seguiré cometiendo. Con tantas abrumadoras ideas en la cabeza, era más que obvio que me costaría encontrar el camino a casa. Pero la incertidumbre parece no terminar hasta que termina, y un balde de agua fría te regresa a la realidad. Caí.

Fue una vez que toqué fondo que entendí cuan poco me había valorado a mi mismo. Empecé a reconstruirme, incluso en los desencuentros. Solo cuando estaba en el fondo vi mi oportunidad de resurgir, y entender que no hay mal que por bien no venga. Tuve sentimientos opuestos, que me confundieron pero me ayudaron a darme tiempo. Entendí que me había abandonado, y que debía reencontrarme conmigo. Me sinceré y grité, sin miedo a esconder nada. Porque mirar para otro lado no es una opción para mi. Y es por eso que no ignoré aquello que tanto ruido me hacía. Junto con todo eso empezó entonces, mi gran travesía.

Porque a pesar de los altibajos, de las pérdidas y los encuentros, me permití soñar, en ficciones en las cuales el amor parecía ser la única salvación, en otras donde todo parecía caer, y en otras donde lo salvaje y lo humano se entrecruzaban. Pero por sobre todo, en ficción plasmé algo que entendí este año: que ciertas cosas, simplemente, se van.

Me animé a publicar algunas frases propias, y algunas ajenas. Fue un año increíble, que de haber sabido cómo iba a ser tal vez no me hubiera creido capaz de soportarlo. Pero lo hice. Lo logré, y entendí que tengo un potencial que ignoraba. Una capacidad que, aunque a veces parece que no, es ventajosa: la de enfrentar las cosas. Es por eso que a este año le puse el cuerpo, aunque dolorido, hoy más que nunca puedo decir que mi sonrisa es sincera, y que puedo irme a dormir sin nada que me haga ruido en la cabeza. No sé si es un gran logro, pero es un gran comienzo.

Agradezco una vez más, a todos los que me bancaron, una vez más, y a los que me descubrieron este año. He recibido muy buenas críticas (en cuanto a buenas me refiero a constructivas, porque me ayudaron a mejorar). Y creo que logré mejorar. Porque no hay satisfacción más grande al escribir que después alguien que te leyó te diga: "me llegó".

Suficiente para mi por este año. Les deseo un gran 2014, en el cual seguramente los acompañaré con más ficciones/reflexiones/pensamientos, siempre y cuando ustedes lo permitan. Sinceramente y de corazón, muchas gracias :)

26 de diciembre de 2013

Fue

Fue una mirada, un cruce de palabras, un agradecimento, una pregunta. Fue un instante, cargado de todo lo que conllevan los primeros momentos. Fue una extraña sensación, provocada por un extraño. Un momento efímero, que dejó una marca, pequeña o grande y se fue. Tan rápido como vino. Fue un beso, una caricia, un hasta luego. Un cumplido, una pregunta, un mensaje. Sin un gran por qué.

Fue una palabra que me dejó sin aliento, que se repitió hasta desgastarse en mi mente. Fue la magia del viento despeinándonos mientras jugábamos a no ser. Fue una tarde en la cual nos prometimos todo, sin ser nada. Fue un inicio sin intención, y un final sin despedida. Fue un sueño que se hizo real, fue una sonrisa que iluminó todo aquello que no recordaba tener. 

Fuimos dos, siendo uno. Compartiendo cada instante como si no volviera a repetirse jamás. Parecíamos percibirlo, y no nos importó. No nos importó involucrarnos, enfrentando todas las trabas que habíamos decidido poner para proteger nuestro corazón. Nos dijimos "ya fue". Ya era tarde para volver atrás, y temprano para pensar en después. Fuimos cómplices mientras jugábamos con fuego, sin miedo a quemarnos. Fuimos todo aquello que quisimos ser, y cuando nos quisimos acordar, fue.