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29 de noviembre de 2013

Amén

Cierra los ojos, hay cosas que no queremos que veas.
Ora en silencio, para que no puedas refutar al respecto.
Arrodillate, demuestra que sos nuestro subordinado.

La institución más oscura de la historia se alza en altas construcciones, alejadas de cualquier mortal, inmensas, abrumadoras. Imponen sus edificios, llenos de metáforas. Debajo del velo blanco de la paz y el amor, se encuentra la guerra y el odio. Las contradicciones son tan evidentes que hasta parecen una burla. Una gran burla que lleva siglos teniendo adeptos que la apoyan. Encontraron la grieta en el humano donde poder ingresar casi sin esfuerzo: su necesidad de creer. Creer en algo, que sea superior, que esté, que ayude a eliminar todas esas dudas que nos perturban, y desconocemos. Porque le tememos a lo desconocido.

Los castigos más terribles les esperan a aquellos que osen desafiar la autoridad del todopoderoso. El paraíso le es prometido a aquél que cumpla con sumisión sus mandamientos. Lo incomprobable es amigo de lo desconocido, y no hay razón que nos pueda salvar. La fe lo es todo. El miedo nos impide pensar, y otra vez estamos en el mismo punto. El progreso es enemigo, porque nada tiene que cambiar, porque si todo se mantuviera como siempre todo sería mejor. Para ellos.

En nombre de Dios, afirman que la familia como institución está siendo destruída. Sin embargo son ellos los que están siendo destruídos, ellos y su credibilidad. La familia de hoy en día no es más la que era antes porque el hoy es diferente al ayer, como el mañana será diferente al hoy. Todo cambia, todo es dinámico. El intento por mantener estático lo que es dinámico es la utopía del poder, el cual sólo acepta los cambios cuando son inevitables.

Las páginas de la historia son más oscuras incluso que las del libro que tanto adoran. Miles de inocentes son estafados por su fe, la cual te hacen creer que necesita de la institución. Pero es la institución la que necesita su fe. Para mantenerse en pie, para tener poder. Ese poder que le otorga el creyente, y cuya institución hará todo lo posible por retener.

Así es cómo los cuentos de hadas parecen gobernarnos. La historia fascinante no es la que nos cuentan, sino la que está detrás de ello. La construcción de mentiras detrás de la gran farsa. Los intereses mueven más que la fe. En el nombre del amor, se separa a todo aquel que peca por seguir su corazón. Vaya ironía. Estamos tan acostumbrados a que nos digan qué hacer que no podemos ver que nos están sometiendo.

Pero una vez que el cambio llega, llega para quedarse. Pese a las trabas, no somos estáticos, somos dinámicos. La historia ha demostrado que al final siempre gana el progreso. Será cuando el poder de la institución caiga, que el amor realmente triunfará. Porque será sincero. Porque será real.

Cuando los ojos se abran, cuando el silencio se rompa, cuando nos pongamos de pie.

Amén.