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29 de septiembre de 2013

El reencuentro

Los encuentros son situaciones movilizantes. Ya sean espontáneos, o intencionales, cada encuentro deja en nosotros huellas, para bien, o para mal. Cada relación que entablamos con quienes nos rodean nos transforma. Y es por eso que estamos en constante cambio. Pero no siempre estos encuentros son deseables. Muchas veces evitamos, lo mejor que podemos, que un encuentro suceda. Y comúnmente lo hacemos cuando se trata de un reencuentro. Cuando se trata de enfrentar, una vez más, aquello que ya conocemos, pero esquivamos. Intentamos evitar aquello que no nos es agradable. No queremos ver.

Hay veces que para evitar este reencuentro nos llenamos de momentos superficiales. Construimos no para crecer, sino para tapar. Levantamos un muro entre nosotros y aquello que nos desagrada. Y pueden pasar días, meses, años, y creemos que lo hemos logrado. Pero algo nos falta. Después de tanto construir, de poner tanto empeño en intentar dejar afuera lo que no queremos ver, aquello que rehusamos enfrentar, nos damos cuenta que no hay muro que nos pueda alejar de la realidad. Nos damos cuenta que, aunque pongamos nuestro mayor empeño, jamás vamos a estar completos si no nos permitimos un reencuentro. Cuando estamos solos, cuando dejamos de lado la superficialidad que nos rodea, podemos iniciar el camino hacia ese objetivo. Y reencontrarnos con nosotros mismos, con esa parte nuestra, interior, profunda, desnuda, que es tan complicada como necesaria.

Solo cuando aprendemos a convivir con nuestra soledad, es cuando realmente entendemos que aquello que evitamos es lo más valioso que tenemos: nuestra esencia, nuestro ser. Solo ahí, sin depender ni nada ni nadie, podemos enfrentar la vida sin miedo, porque va a haber alguien que nunca te va a abandonar. Vos.

2 de septiembre de 2013

Tiempo

Es lo único que a pesar de todo, nunca se detiene. Es constante, frío, eterno. A veces parece pasar rápido, aveces lento. Son sólo percepciones individuales de una magnitud universal. Y son esas percepciones las que hay que escuchar. Son esos tiempos los que hay que respetar. A medida que pasa podemos ver cuánto crecimos, cómo todo cambia. A medida que pasa podemos ver cómo la vida intenta imitarlo, siguiendo adelante, abriéndose paso ante la adversidad.

Podemos detenernos, detener a otros, detener una máquina, incluso un reloj, pero no podemos detener el tiempo, porque vivimos a través de él. Y entonces entendemos que es lo más valioso que tenemos. Nuestro tiempo, aquél imperfecto que intenta copiar el ritmo del principal, pero que nunca es igual. Cada uno es individual, diferente, porque todos lo somos. Y es por eso que hay que manejarse con ese reloj propio, darse tiempo para caminar, para crecer. Entender que a pesar de todo hay que encontrar nuestro ritmo, y nunca dejar de avanzar.

1 de septiembre de 2013

Frases V

El corazón tiene razones que la razón desconoce