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4 de agosto de 2013

Fénix

Y por fin pude entender la alegoría que tanto admiré. Encontrar en los ciclos que no hay principio sin final, ni final sin principio. Que una etapa se termina y empieza otra. Los momentos más felices se convierten en cenizas. Y esas alas parecen nunca volver a brillar. Las lágrimas sanan los deseos desgarradores de dejar salir la angustia. El calor que en su momento fue un refugio, hoy se convierte en una llama incontrolable que acabó con todo a su paso. Y nada se salvó. O casi.

Tan sólo los recuerdos parecen quedar vivos entre tanto desastre. El esplendor de las alas que alguna vez se expandieron majestuosas por el cielo de los sueños, es consumido por el mismo fuego. Ese fuego que se apagó, y sin embargo no se acabó. Porque a pesar de todo, cuando todo es reducido a cenizas, sólo queda esperar. Esperar a que la llama vuelva a arder, a que el ave vuelva a renacer, y que el esplendor esta vez sea aún mayor.

Llegará la hora, entonces, de resurgir de las cenizas.
Llegará la hora, entonces, de empezar de nuevo.

2 comentarios :

  1. Desde la sociabilidad hasta los vicios, pasando por la fe, la historia, la ciencia y los amigos en Google+. La vida es un círculo.
    Todo aquello que se rompe, puede arreglarse o reemplazarse. Todo lo que se daña, curarse. Todo lo que se termina, retomarse. Todo lo que se satura, reiniciarse. Y todo lo que se daña, componerse u olvidarse.
    Todo lo que se muere quizás, reencarnarse. (?)

    La vida es un círculo y por eso...

    A rodar y a rodar y a rodar, a rodar mi vida.
    A rodar y a rodar y a rodar, a rodar mi amor.

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    Respuestas
    1. Gracias por el comentario Cris, como siempre, tan oportuno. Y gracias por hacerme cantar con esas dos últimas frases :P

      Saludos :)

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