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23 de junio de 2012

Vaso de agua

No sé. Hace tiempo estoy acá, ¿no ves cómo el agua llega a mi cintura?. Ya no importa, no hay escapatoria. No para mí. ¿Y qué si pudiste salir?. Andate, ya no te quiero cerca. Porque me abandonaste, nuestros rumbos cambiaron. Esta es mi realidad, y estoy hundiéndome en ella. Veo que no querés compartirla. Sé que no querés. Yo sé. Cómo sé tantas cosas.

Estuviste lo suficientemente cerca para escuchar todo esto; de lejos se ve diferente. Es hora de que te vayas, todos lo hacen. Todos cometen siempre el mismo error.

Hice todo lo posible, pero no. Me cansé de vos. Ya no me necesitás, ¿por qué me seguís mirando?. No seas arrogante, por una vez en tu vida, ¡cambiá!. Tal vez cuando me entiendas ya me haya hundido en este vaso de agua.

12 de junio de 2012

El error

No supe lo que hacía cuando te grité todas esas cosas. Nunca medí las consecuencias. Un perdón ya no sirve. Es que a veces soy estúpido, y hago estupideces. Te lastimé sin querer. Te quise lastimar. Y todas esas contradicciones que aparecen un segundo antes de cometer el error.

No, no fue tu culpa. Nunca fuiste culpable de todas las cosas que pasaron por mi cabeza, que entrecruzó mi razón, sin razón. De esas mentiras que me inventé. De esa ceguera. Cuando mi obsesión nubló más que todo lo que vivimos, y lo arruiné. Cuando no pude controlar mi furia.

Terminé enfermo, y todo los que nos costó tanto construir, se derrumbó tan rápido ante nuestros ojos. Eso dolió, pero aún más me duele hoy la soledad a la que me vi condenado a partir de eso, después de todo, sin vos no soy nada.

Ya nunca podré

Quisiera volver el tiempo atrás para poder decir todas estas palabras que me quedaron atragantadas. Remendar mis errores, pedirte perdón. Decrite gracias, reir con vos. Las lágrimas surgen con solo pensar que ya nunca podré. Que te fuiste. Que no aprendí a valorarte a tiempo.

Tan solo quedan recuerdos de un pasado mejor. Siempre mejor. Pero tu imagen tan vívida, me es imposible dejar ir. Porque siempre me sostuve en ella, porque ya no podré hacerlo.

La alegría que solía tener parece ser un recuerdo muy lejano. Me fue arrancada cómo te fue arrancada la vida. En un instante, en ese inesperado suceso que me aseguró nunca más poder ver ese brillo en tus ojos, u oler ese perfume que me volvía loco, o esos abrazos que me supiste dar. Porque estuviste cuando más lo necesité, y ahora te fuiste. ¿Por qué te fuiste?. 

A veces duele tanto no entender el por qué.

11 de junio de 2012

Cuando te miro

Quisiera saber cuán profundo son tus ojos, cada vez que me hundo en ellos. No, no es el frío de este otoño que me da escalofríos, es el calor de tu mirada que me llena como si estuviera bebiendo un elixir. Recorre cada centímetro de mi ser, como si una llama se hubiera prendido adentro. Cómo si de repente pudiera volar, imaginar, soñar con una vida perfecta que parece tan real. 

Un futuro tan tangible como el simple roce de nuestras manos, mientras pierdo la conciencia, la noción del tiempo. Puedo imaginar lo que nunca me animé siquiera a pensar. No hay forma de perderme en este camino, porque tus ojos siguen clavados en mi. Son mi guía. Mientras sueño que caminamos por una plaza llena de árboles, y hojas secas. Un tono naranja tiñe el suelo mientras la brisa sureña acaricia mi cara, y el último rayo de sol desaparece por el horizonte.

Miro las estrellas, el cielo, la oscuridad hasta que esta se vuelve soñada. Entonces, me doy cuenta que fue solo un sueño, un sueño despierto. Y que todo eso me pasa cuando te miro.

1 de junio de 2012

Desangrando

Agarré las armas para salir al campo de batalla. Me paré y seguí, cuando fui derribado tantas veces. Y aguanté, todavía aguanto. Pero las heridas empezaron a sangrar otra vez, ¿cómo detener esto?. Me estoy desangrando por entender el por qué. Por cambiar esas miradas. Unas gotas oscuras caen calientes por mi brazo, llegan al extremo de mis dedos, cansados, sin fuerza.

Y es que sangré tanto ya. Estoy agotado. Creo que es hora de cicatrizar todo esto. A veces siento que no podré soportar un segundo más. No está en mis opciones rendirme. Tal vez el tiempo cure las heridas, cuyas marcas llegaron para quedarse. Tal vez lo único que necesito, es cambiar de estrategia.