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30 de diciembre de 2011

Un pendejo


Todos necesitamos parar en algún momento, o que alguien nos pare, para replantearse si el camino que estamos tomando es correcto o no. No sé por qué hace tiempo siento las mismas cosas. Palabras que no salen, silencios incómodos y locuras que intentan tapar la realidad.

Soy adolescente. Un adolescente en busca de atención. De contención. De amor. Que a la vez le huye a eso. Voy a sincerarme, basta de metáforas, basta de vueltas. Soy un pendejo queriendo hacer pendejadas. Un pendejo que junta culpa que cada tanto se manifiesta en llanto.

Estoy intentando algo que no puedo ser. Quiero vivir todo lo que voy a vivir en años, ahora. Y no. Mirando el futuro solo estoy descuidando el presente, y olvidando el pasado, lo que me lleva a tropezar de nuevo con las mismas piedras.

Me estoy cayendo de la bici, me falta aprender (y volví a la metáfora). Quiero escapar de quien alguien de quien nunca voy a poder escapar: yo. Ya no hay justificación. Debo enfrentar lo que corresponda, dejar que las cosas simplemente pasen e intentar no creérmela tanto. Me falta mucha cancha por recorrer, después de todo, soy solo un pendejo.

No sé

No sé que decir. No entiendo. ¿Cómo diablos llegué a esto?. No sé por qué me pasan estas cosas, si bien sé que en el fondo tal vez son normales. Tal vez es la edad. Pero no sé. No sé como explicar lo que siento. No sé como hablar cuando me dicen algo. No sé como demostrar que de verdad estoy agradecido. No sé por qué soy tan frío. No sé por qué a veces tardo tanto en demostrar las cosas. No sé cuándo fue que me volví tan desconfiado.

¿Por qué estoy tan lejos de todo?. Me estoy alejando solo de esto. Y las cosas empeoran. Y cada vez es mas tarde. Quisiera saber cuando voy a encontrar la explicación. No puedo decir más que un "gracias", las palabras no fluyen por mi cuerpo. Se acumulan e, intento de alguna manera, demostrar cuan agradecido estoy a veces, de alguna manera. Pero me cuesta.

No sé cuando voy a cambiar, ni cómo. No sé cuando estaré seguro de mis decisiones. No sé cuando pueda darte una respuesta. Sigo buscándole el sentido a esta vida. Me preguntás, y yo solo puedo contestarte: no sé.

26 de diciembre de 2011

Aceptarse

Que difícil es aceptarse en una sociedad llena de estereotipos. Mirarse al espejo y ver que no sos tan perfecto como aparentan serlo en las publicidades. Que difícil es aceptar nuestra personalidad. Que difícil es quedar desnudo ante uno mismo, pues somos nosotros mismos nuestra propia debilidad. Que difícil es quererse a veces, valorarnos por cómo somos, darnos cuenta de todo lo que hacemos por los demás.
Que difícil es transmitir con palabras los sentimientos. Que difícil es ser entendido. Que difícil es ver nuestros defectos, que cuando nos los hacen ver nos desestabilizan. Que difícil es cambiar. Buscar la perfección no es difícil, es imposible. He dicho una y mil veces que la perfección está en la imperfección, en cada detalle que te hace único.

No hace falta ser flaco-alto-lindo para poder ayudar a los demás, ni para ser buena persona. Así que ya sabés, si sos gordo, petisa, rubia, morocho o alto no es excusa para ser feliz. Sos un ser único, hermoso. Aceptate, amate, y amá, que en estos tiempos falta tanto.

17 de diciembre de 2011

Segunda oportunidad

Pensar que me cambiaste la vida, Luciano. Si no fuera por vos no estaría acá, y hoy es por una causa doble. Hace 17 años, cuando te tuve en mis brazos, vi en tus ojos la inocencia de todo bebé y me llenó el alma. Recuerdo que fueron un par de horas que te tuve, pero para mi fueron claves. Cambié. Me hizo darme cuenta muchas cosas. Tal vez será por que nunca había tenido hijos que no lo pude ver. Siempre odié los niños. Fumé durante 23 años. Siempre fui descortés, me creí el dueño de la razón. Era prepotente. Insultaba. Maltraté a mucha gente de mi entorno familiar. Incluso no había podido formar una pareja. Me fui quedando solo. Hasta que apareciste. Una noche te encontré, algún alma desesperada te había abandonado vaya a saber en qué circunstancias. Pedí tu tenencia, hasta que pudieran encontrar una familia para vos. Tal vez me equivoqué en no haber pedido la tenencia total, pero tenía miedo, estaba solo y no quería arrastrarte a mi miserable vida. Al mes una familia quiso adoptarte, yo había aprendido algo de la "paternidad". Cambié. Desde que te tuve en brazos dejé de fumar. Dejé de ser descortés. Dejé de insultar a todos. Empecé a hablar con mis familiares de nuevo, incluso me casé y tuve una hija llamada Ariana, de 14 años. De verdad me entristece por ella y por mi esposa saber que me quedan muy pocas horas de vida. Vaya a saber vos en qué estado estabas cuando pasó lo que pasó. Vaya a saber que circunstancias te llevaron a dispararme para robarme algunos pesos, pero cuando vi tu cara no pude reaccionar. Sos como mi hijo. Y quiero darte las gracias, a vos que con tu magia me diste una segunda oportunidad y me hiciste vivir los mejores 17 años de mi vida, ya que de no haber sido por vos, seguramente habría muerto de alguna enfermedad respiratoria con todo lo que fumaba. Gracias porque, sin saberlo, fuiste el que hizo posible este cambio. Quien sabe por qué la vida nos volvió a cruzar de una manera tan trágica. Me hubiera gustado por lo menos haber podido darte un abrazo. Sé que estás detenido y espero que esta carta te llegue, ya que me quedan muy pocas fuerzas y decidí poder usarlas en esto. Gracias de nuevo. Y tal vez esto te sirva para saber que se puede vivir mejor, se puede elegir una mejor vida, se puede cambiar. Hace 17 años yo dejé una droga por vos, esta vez me toca a mi ayudarte a que la dejes. Te quiero hijo.
Cristian
La carta fue entregada a Luciano. Cristian falleció a las 8 horas de haber dado el testimonio a un periodista, por un paro cardíaco. Luciano fue internado en una clínica de rehabilitación, en la cual se recuperó y pudo unirse a una asociación en contra de las drogas y el tabaquismo para ayudar a otros a dejar esta adicción. Hoy con 42 años se puede decir que aprendió la lección, y que Cristian estaría orgulloso de él, o tal vez lo esté, en algún lugar.

12 de diciembre de 2011

Un verano inconcluso

Hola Caro, no sé si te acordarás de mi o no, tal vez si. Solo te escribo para comentarte que no me olvido lo que vivimos juntas 7 años atrás. En aquel verano, cuando disfrutabamos de nuestras vacaciones con nuevas experiencias. Esa noche que nos besamos y todo comenzó. Esas noches, cada una única, que recuerdo como si las estuviera viviendo ahora mismo. Te escribo para decirte que nunca sentí algo tan fuerte como lo que sentí ese verano. Lo prohibido, inimaginado, se convirtió de a poco en algo cotidiano. Todavía recuerdo tu perfume, impregnado en mi piel, que cada mañana me hacía recordarte cuando no estabas y te ibas a no se donde. Fue tal vez esa mañana que, en un acto de locura, te seguí y te vi. Te vi con un hombre.

Fue esa mañana cuando comprendí que yo solo estaba desviándote de una realidad que no era la tuya, que pensaba egoistamente. Por eso desaparecí. Por eso cuando volviste a casa no había nada de mi. Te cuento que me fui a vivir al interior, hasta que pude mudarme al exterior. Hace 6 años que vivo acá, en España. Me enteré que te casaste, y tuviste familia allá en Buenos Aires, y eso me pone muy contenta porque se que mi decisión fue certera, y que pudiste ser feliz. Me encargué de pedir que esta carta llegue a tus manos y solo a tus manos, porque al igual que vos, no me interesa que nadie más sepa de ese verano tan especial que vivimos, así como tampoco quiero que esto afecte a tu familia que con esfuerzo lograste armar.

Tal vez me odiás, o tal vez ya te olvidaste, pero creo que las respuestas siempre llegan, y acá está la mia. Quiero que sepas que yo nunca me olvidé de vos, y que estaba esperando que llegue el momento para poder darte las explicaciones que merecías. He aquí el eslabón perdido de un verano inconcluso. Espero que algún día puedas comprenderme. Te deseo lo mejor con tu vida, como siempre. Besos.
Lucia

Montaña rusa

Me cuesta entender, me cuesta acostumbrarme a esta adrenalina que siento cuando me subo a la montaña rusa de mis sentimientos. Y de la nada, un momento de euforia se convierte en un nudo en la garganta, en un momento de silencio donde todo se apaga y quedo ciego, sordo, y mudo. En la oscuridad busco un espejo para comprobar que sigo siendo yo, y ahí estoy parado, desnudo ante mi con una tenue luz de no-se-donde. Lejos, siempre lejos.

No sé si alguna vez lo llegaré a comprender, tal vez si, tal vez no. Los sentimientos son eternos incomprendidos. No sé si alguna vez esta montaña rusa se convierta en tan solo una montaña, a la que pueda escalar intentando no caer, ya que la gravedad hizo estragos en mi. En esta nueva etapa, todavía conservo un poco de mi esencia, mejor dicho, toda, porque en el fondo, mientras todos sufren por un amor, yo deseo algún día poder enamorarme.