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13 de noviembre de 2011

La lección de mi vida

No sabía como titular esto, porque todavía estoy shockeado. Podría titularlo de mil maneras. Podría repetir, incluso, el título "Estamos mal". Estamos mal. Hoy aprendí una lección importantísima. Hoy abrí los ojos aún más. Hoy pude cerrar un capítulo de mi vida que seguía abierto, y las respuestas llegaron como cataratas, y me innundaron de una verdad incómoda, rara.

Hoy aprendí que el dinero desune, y que en la humildad es donde realmente se puede amar. Aprendí que la popularidad es como el oro, un bien deseado por todos, y que todos están dispuestos a pagar cualquier precio por conseguirla. Hoy aprendí que hasta los más unidos pueden ser lo más desunidos. Que no existen los grupos ni las parejas perfectas. Que aunque a veces piense que tenemos problemas, son porque no somos falsos.

Hoy descubrí que tu amigo puede convertirse en tu gran enemigo, y viceversa. Aprendí que hay gente que lleva y trae. Hay gente que miente. Hay gente que usa. Hay gente interesada. Hay gente de mierda. Hoy puse fin a las estúpidas excusas que ponía para no criticar a los demás, pensando que yo era el que estaba mal. Y no.

Hoy creo en mi. Hoy me siento orgulloso de ser quien soy, y de estar donde estoy, siendo como soy realmente, sin falsedad, sin compromiso. Hoy me siento orgulloso de tener dignidad, de reir sin importar lo que puedan opinar, de ocuparme más de mis amigos, que de los "que dirán" de los desconocidos. Hoy aprendí que la realidad puede ser dura. Y que para comprenderla, hay que vivirla en carne propia. No basta con que te lo cuenten.

Hoy reafirmé que el derecho a la duda debe estar vigente siempre, sea quien sea. Descubrí que mi vida, mi personalidad, mis sueños, son mucho mejores de lo que pensé. Que viví desvalorándome, admirando gente que no hace más que ser lo que no es, solo por miedo a enfrentar a todos con su verdadero yo. Y de eso se trata la vida. De aceptarse como uno es, sincerarse consigo mismo y no permitir que ningún personaje te coma.

Descubrí que hay gente que no merece ningún perdón. Reafirmé que los códigos se rompen. Que las amistades también. Que nada es para siempre. Que las apariencias engañan, y mucho. Que los prejuicios separan. Hoy recibí una gran lección de vida, y las palabras siguen impregnadas en mi mente. Desperté de un sueño profundo. Desperté a la vida. Y esto es, un mundo lleno de falsedades tanto como caridades, en el que la gente que no vale la pena simplemente no tapará la que si lo vale, por lo menos para mi. Por eso, mas que nunca, hoy, orgulloso de ser quien soy.

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