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4 de septiembre de 2011

Recuerdos de barrio


(3 años atrás) Tengo 13 años, cercano a cumplir los 14, estoy viviendo uno de mis meses más importantes de mi vida. El adiós a una etapa. La etapa del “barrio”. Me mudo, y este es mi último mes acá. Negación, algo mágico va a pasar y no me voy a mudar. Consuelo de tontos. Hago promesas incumplibles mientras juego el último partido de fútbol. Pienso al lado del arroyo donde pasaron tantas cosas. Recorro un barrio lleno de historias, de momentos.

Ahí es donde me apreté el pié con la tapa de cemento, así empezó mi vida social acá. Qué situación vergonzosa. Camino y subo al árbol en el que tanto tiempo estuve. Se me vienen mil recuerdos. Las carreras de bicicletas. Casi 10 (a veces más) bicicletas corriendo una carrera en una calle muy angosta. Caídas, raspones. No dolían tanto como el recuerdo años después.

Correr, gritar, reír, putear, enojarse, pelear, y volver a reír. Las escondidas eran un clásico de todas las noches. Claro que eso se fue perdiendo con el tiempo. Este barrio no es el que yo conocí cuando llegué, había perdido la magia. ¿Será que crecimos? Si, y varios se fueron.

En verano, las guerras de agua. Uno de los mejores recuerdos. Sigo caminando. Veo momentos que me marcaron. Veo amor. Amores, imaginen en un barrio así, ¿cómo no iba a haber lugar para el amor? Pero ahora todo es tan diferente. Y quisiera volver a esa época.

Veo noches, noches de charlas, noches de “terror”. Veo travesuras. Veo “ring-rajes”. Siento la adrenalina de ese entonces. Todo cambia. Y el constante ciclo termina a veces. Y es que siempre nos damos cuenta de lo buenas que eran las cosas, cuando cambian, o cuando ya no las podemos volver a vivir. ¿Por qué? ¿Por qué siempre pasa eso? ¿Por qué no podemos aprender a disfrutar al máximo esos momentos?. No sé. Yo ya me estoy despidiendo.

Un triste adiós, sentado al costado del edificio. Caminando por los rincones donde tanto lloré por amor, al pedo. Pero es lindo igual, recordar esos momentos. Me despido con una promesa de “vendré todos los días que pueda”. Cinco meses tardé en volver. Ahora, tres años después, ya no veo esas travesuras, no veo esos llantos, no siento esa adrenalina. Veo una nueva vida, veo una nueva etapa, e intento despegarme del pasado. No es fácil, habiendo sido este tan bueno, lindo, tan mágico. Si bien los últimos tiempos no fueron tan lindos.

Miro el cielo, no veo muchas estrellas. Pero recuerdo todas las que veía cuando se cortaba la luz en todo el barrio, y quedaba el cielo increíblemente estrellado. Me despido, en un accidentado adiós y ahora, tres años después, miro por la ventana, veo pasar autos. Quisiera volver a ver las estrellas. Quisiera ser lo que no soy. ¿Por qué Matías? -me digo a mi mismo- Perdón.

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