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25 de septiembre de 2011

Punto límite

Llegó el día. Y prepararme antes mentalmente creo que sirvió. Te vi, con otra persona. Y bueno, cosas que pasan. Y sin embargo la noche fue genial, terminé volviendo con 3 locas compartiendo un remis que me dieron consejos y me hicieron reir mucho, no supe quienes eran y seguramente nunca lo sepa pero por algo pasó. Y ya está, abrí los ojos, pasó lo que tanto pedí, tanto deseé, por masoquista que suene. Necesitaba "chocarme contra la pared" diría mi amiga. Y me choqué.

Mientras me descargo bailando, veo la última imagen que me dice, hasta acá llegué. Y en una noche donde el nombre del boliche titula esta nota, bailé para descargar, reí y sonreí con ironías y un poco de alcohol. Cuando pensé que iba a doler más, y no. No dolió tanto. Esperaba que pase. Y como a veces el dicho es cierto, uno nunca está listo para las cosas hasta que pasan, esta por suerte no me pasó por arriba.

Mientras pienso, ¿llorar? no se. Tal vez, después, si lo necesito. Pero acá sigo yo, derecho y de pié, dispuesto a dar el paso, a dar vuelta la página, a dejar de lado mi capricho, a madurar, a sonreir pese a todo. Porque de eso se trata la vida, y yo creo que lo mejor es superar esto cuanto antes, que esta trompada me haya pegado bien fuerte para abrir los ojos y caer en la realidad, porque llegué a mi punto límite.

20 de septiembre de 2011

Caprichos

Te miro, te quiero, te niego, te odio, te ignoro, me enojo, me voy, vuelvo. Sos mi capricho. Un término que describe excelentemente a esos "amores pasajeros". Estás encaprichado por coseguirlo pero no te das cuenta que es solo eso un capricho. Te miro, me enloquezco, me tranquilizo y te paso por al lado como si te ignorara. No conozco tu nombre (mentira), no sé lo que hacés (mentira), no sé con quien te juntás ni me interesa (mentira), ¿quién sos? (lo sé, y muy bien). ¿Quien soy yo?.

Te quiero y no te tengo, te tengo y no te quiero. Un simple capricho. Hoy me importas, mañana no (o eso digo). Te quiero ver, te quiero perder (o eso intento). Y soy como una especie de caja blindada, que por fuera no le pasa nada, y por dentro le pasa todo. Pero no se nota, porque la superficie es fuerte: está blindada. Intento ser frío para poder apagar ese fuego interno que me quema, y me asusta. Mientras mi cara se torna inmutable, mis manos sudan, mis piernas tiemblan, con solo una mirada. Es que la cara no es todo, y no puedo controlar todo mi cuerpo.

Pero, un día me levanto y, tal vez, me aburrí. Ya no me tiemblan tanto las piernas, ya dejo de buscarte. Ya empiezo a alejarme, ya empiezo a olvidarte (entre comillas). Miro el piso caminando mientras sonrío y pienso, ¿cuál será mi próximo capricho?.

19 de septiembre de 2011

Hay motivos para festejar

Un día como hoy, en 1994, nacía un bebé (¿por qué siempre empiezo este tipo de publicaciones así?), bueno, nacía yo. Hay motivos para festejar. En el año más difícil de mi vida tal vez (y hasta ahora), y no porque me hayan pasado solo cosas malas, no todo lo difícil tiene por qué ser malo, ¿no?. Fue mas bien relacionado con mi personalidad, es un año de muchas cosas nuevas para mi. Empezé a salir a bailar, por poner un ejemplo.

Es un año de cambios, alegrías, tristezas, misterios, preguntas y respuestas. Hay motivos. Motivos para sonreir, motivos para tener esperanza. Las tormentas pasan, y el sol siempre vuelve a salir. Y así es la vida, una constante lucha contra el paso de las tormentas. Sólo hay que aprender a convivir con ellas. Porque los amigos siguen estando, porque hay nuevos amigos.

Esperaba esta fecha con muchas ansias, y en estos últimos días "me olvidé", no quería que llegue porque el día pasa muy rápido. Pero bueno, es solo un año más. Estoy a solo un año de mi mayoría de edad. Y por qué seguir extendiendome en esta publicacion, si motivos sobran, ¡solo hay que festejar!.

18 de septiembre de 2011

Te busco, te veo, no te encuentro

Vuelta de una noche de sábado con todo. Con un poco de alcohol en sangre escribo estas líneas para confesar, mientras bailaba, te busqué. Te vi, vi tu sonrisa, reflejada en otros rostros, vi tus facciones, reflejadas en otras personas, creí verte mil veces, pero no. No creo ser el único de los que bailaban allí que sufría por amor, "sufría".

Intenté pensar en otra cosa, intenté tomando, pero no pude, el alcohol no borraba tu imagen y la idea seguía fija. Lo digo estando en un estado medio... en pedo. No me pidan demasiada profundidad en mis palabras, los razonamientos los voy a hacer mañana cuando esté más "fresco". Mientras me río por un tropiezo, caigo en la realidad de mi estado.

Tropiezo, como vengo tropezando hace tiempo, sin entender muy bien lo que me pasa, río de vergüenza y pienso, que patético suena escribir estas cosas, pero en fin, es mi blog y dije "voy a escribir lo que sienta". Solo recuerdo que pensaba verte, y verte con otra persona, así de masoquista, para caer en la realidad de que te tengo que olvidar. Te tengo que olvidar. Pero te busco, (pienso) te veo y, finalmente, no te encuentro.

14 de septiembre de 2011

Camino por el camino del silencio

Hola, ¿alguien me escucha?... ¿HOLA?... así me siento a veces. Y peor si a eso le sumamos intentar escribir y que no te salga nada, aunque ahora esté escribiendo. Es que estoy hablando a paredes, o por ahí lo siento así. Me siento tan alejado de todo a veces. En el medio de la nada miro hacia alrededor. Veo mucho y no veo nada. Nada de lo que me interesa. Mientras acaricio la cabeza de un perro callejero que por ahí pasaba. Bueno, por lo menos me hace compañía.

Camino y pienso, ¿es una joda?. No. Callo en algunos momentos, porque siento que mis palabras se las lleva el viento. Y ahí van. Quisiera que me lleve también. Por eso me voy, mientras mis ahogados gritos se convierten en estigmas de palabras no dichas, de sentimientos no compartidos, de frustraciones vividas. Entonces miro para adelante, camino y pienso. Y pienso, demasiado a veces. Y como última opción, me acuesto en silencio, pues ya no tengo nada que hacer aquí. Cierro los ojos. Hasta mañana.

4 de septiembre de 2011

Nueve meses

Nueve meses pasaron ya desde que empezó este año, tan raro, tan diferente. Un año lleno de cosas, buenas y malas. Y el actual presente, a mitad de camino. ¿A mitad? O al principio, o al final, uno nunca sabe. ¿Quién sabe cuánto falta por recorrer para llegar a destino? No sé cuánto falta. Y nuestros caminos no se cruzan, son paralelos, o eran, porque ahora se alejan.

Locuras que escribo y describo mientras juego con las palabras solo por diversión, mas bien por expresión. En este embrollo de palabras muestro lo que soy, como soy, sin saber quien soy. Así me descubro. Pero vamos, no tomemos todo tan literal. Escribo mientras pienso, pienso y confundo, confundo y escribo, escribo confundido.

Entiendo y no entiendo, río y desespero. Grito y callo. Salto y me desplomo. Abrazo y me alejo. Digo hola, y me voy. Miro y no te encuentro. Resignación. Acostumbrado ya estoy, a resignarme, a frustrarme. ¿Y es que ya la frustración se ha hecho costumbre? Porque ya no duele tanto.

No es fácil explicarme. Por eso escribo, en búsqueda de poder hacerlo. Mezclo temas, problemas. Hablo mucho y no digo nada. Callo y digo todo. Las heridas están sanando. Estoy creciendo, estoy aprendiendo. Estoy encontrando cierto equilibrio. El equilibrio que necesito. La tormenta más larga de mi vida parece estar pasando. Parece.

Allá a lo lejos veo un rayo de sol que atraviesa las nubes. Pero no te veo. La tormenta pasa, pero sin vos. Te vas con la tormenta. Y es que debe ser así. Como dice el dicho, “lo que deba ser será”. Y es que soy así, no es que no pelee por lo que quiero, sinó que sé cuando hay posibilidades, y cuando no. Si hay algo que aprendí es a perder. Porque perder es parte de la vida, al igual que equivocarse. ¡Y cómo me equivoqué este año!.

Si, cometí muchos errores. Y los sigo cometiendo. Pensamientos que quedaron obsoletos. Gente que me ayudó a cambiarlos. Nueve meses. Y se acerca mi cumpleaños. El primer cumpleaños con lluvia, y no me refiero al clima. 17 años ya, creciendo, aprendiendo. Y es que en un flash puedo ver pasar toda mi vida, los momentos, como una película. Estoy aprendiendo a escalar sobre esos recuerdos, para que no me afecten y sean lo que son, recuerdos. Buenos o malos, son experiencia en fin.

Pero tú camino y el mío no se van a cruzar. Tampoco es tan grave, porque ya lo sé desde un principio. Solo quiero estar atento, para los próximos caminos que si se crucen con el mío. Quiero estar preparado. ¿Podré? No sé. Solo pasaron nueve meses.

Recuerdos de barrio


(3 años atrás) Tengo 13 años, cercano a cumplir los 14, estoy viviendo uno de mis meses más importantes de mi vida. El adiós a una etapa. La etapa del “barrio”. Me mudo, y este es mi último mes acá. Negación, algo mágico va a pasar y no me voy a mudar. Consuelo de tontos. Hago promesas incumplibles mientras juego el último partido de fútbol. Pienso al lado del arroyo donde pasaron tantas cosas. Recorro un barrio lleno de historias, de momentos.

Ahí es donde me apreté el pié con la tapa de cemento, así empezó mi vida social acá. Qué situación vergonzosa. Camino y subo al árbol en el que tanto tiempo estuve. Se me vienen mil recuerdos. Las carreras de bicicletas. Casi 10 (a veces más) bicicletas corriendo una carrera en una calle muy angosta. Caídas, raspones. No dolían tanto como el recuerdo años después.

Correr, gritar, reír, putear, enojarse, pelear, y volver a reír. Las escondidas eran un clásico de todas las noches. Claro que eso se fue perdiendo con el tiempo. Este barrio no es el que yo conocí cuando llegué, había perdido la magia. ¿Será que crecimos? Si, y varios se fueron.

En verano, las guerras de agua. Uno de los mejores recuerdos. Sigo caminando. Veo momentos que me marcaron. Veo amor. Amores, imaginen en un barrio así, ¿cómo no iba a haber lugar para el amor? Pero ahora todo es tan diferente. Y quisiera volver a esa época.

Veo noches, noches de charlas, noches de “terror”. Veo travesuras. Veo “ring-rajes”. Siento la adrenalina de ese entonces. Todo cambia. Y el constante ciclo termina a veces. Y es que siempre nos damos cuenta de lo buenas que eran las cosas, cuando cambian, o cuando ya no las podemos volver a vivir. ¿Por qué? ¿Por qué siempre pasa eso? ¿Por qué no podemos aprender a disfrutar al máximo esos momentos?. No sé. Yo ya me estoy despidiendo.

Un triste adiós, sentado al costado del edificio. Caminando por los rincones donde tanto lloré por amor, al pedo. Pero es lindo igual, recordar esos momentos. Me despido con una promesa de “vendré todos los días que pueda”. Cinco meses tardé en volver. Ahora, tres años después, ya no veo esas travesuras, no veo esos llantos, no siento esa adrenalina. Veo una nueva vida, veo una nueva etapa, e intento despegarme del pasado. No es fácil, habiendo sido este tan bueno, lindo, tan mágico. Si bien los últimos tiempos no fueron tan lindos.

Miro el cielo, no veo muchas estrellas. Pero recuerdo todas las que veía cuando se cortaba la luz en todo el barrio, y quedaba el cielo increíblemente estrellado. Me despido, en un accidentado adiós y ahora, tres años después, miro por la ventana, veo pasar autos. Quisiera volver a ver las estrellas. Quisiera ser lo que no soy. ¿Por qué Matías? -me digo a mi mismo- Perdón.