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31 de julio de 2011

Jugando con fuego...


Jugás, reís, incluso compartís momentos con tus amigos. Te pensás que te la sabes todas, que podés mantener las situaciones controladas. De repente, un golpe seco en la cabeza y ves la realidad. Se te fue todo de las manos. Te quemaste.

Lo ves arder, son tus sentimientos. Jugar con los sentimientos, sean tuyos o ajenos, es como jugar con fuego. Podés usarlo para calentarte en una tarde fría, podés usarlo para cocinar, podés usarlo para muchas cosas, moderadamente y siempre y cuando tenga un buen fin. Con el fuego no se jode, con los sentimientos, tampoco.

Cuando jugás por jugar, te quemás. No te das cuenta, tal vez, estás jugando lo más tranquilo (no me voy a enamorar), pero con el tiempo, te das cuenta que no podés dejar de pensar en esa persona: te enamoraste (te quemaste).

Y las ampollas no son mas que cicatrices, que te ayudan a aprender que con ciertas cosas es mejor no jugar, aunque sea divertido, todo tiene sus límites. Tené cuidado, pues muchos incendios empieza con una simple llama...

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